Lo curioso de los feriados es que aunque están siempre hermosamente marcados no siempre significan vacaciones... Como confesa adicta al trabajo, mi plan habitual es continuar trabajando... pero lo bueno que tienen los feriados es que te dan ese algo de tiempo libre que a veces uno necesita (desesperadamente) para ver amigos, familia o para ordenar la casa.
Recuerdo que hace unos años en un feriado como hoy las víctimas elegidas de mi locura vacacional fueron mis cajas de recuerdos. Después de años de tener la insana costumbre de guardar todo y anotar todo, había apilado una gran cantidad de cajas de pasado: cartas, recortes, obsequios, tarjetas de cumpleaños, boletos de teatro, programas, agendas. Le di a todos nueva vida una sola vez, antes de ir a parar al reciclaje o al fuego. Fue una noche liberadora, se renovó la piel. Pensé que ese día dejé el mal hábito y solo me quedó una extraña manía de almacenar en el cerebro sucesos, datos, conversaciones inútiles que solo me pesaban a mí. Hoy descubrí que no fue así.
Hoy en día, sin menos impacto ambiental (creo), son la computadora y los celulares (si no lo dije, soy también tech adicta) los cómplices silenciosos de mi manía. Las sincronizaciones de datos automáticas hacen que 5 años de datos en red simplemente revivan con la mágica indicación "cargar la copia de...". Recuerdo que hacer una copia de seguridad de tus archivos era acto de sensatez, ahora no estoy tan segura.
Con un juguete nuevo en las manos, y aún feliz de volver a la marca de mi siempre favorita elección, la pregunta me golpeó: ¿deseo reestablecer la copia de seguridad o crear un celular nuevo?
Peter y su cajón de juguetes
Recuerdo que una de las frases recurrentes de mi madre fue siempre "No a las ataduras", pero a pesar de mis intentos de seguir esta fabulosa premisa, aún tengo una caja de Pandora aunque la creí hasta hoy una caja de felicidad. Junto con mi primer contrato de editora, tarjetas de embarque en amados aeropuertos se han ido mezclando objetos no tan queribles.
¿Por qué resulta imposible deshacerse de aquella foto, del dije tan significativo, incluso del anillo de compromiso? ¿Cómo quedaron esas cosas atrapadas en un espacio que debía ser un kit de emergencia? Supongo que un intento de alejarlos de la vista, quedaron atrapados en ese lugar no siempre visitado.
No todo es maravilloso en el cajón de recuerdos, no es la maravillosa caja de Peter llena de curiosidades y novedades que uno quiere observar y disfrutar.
Redescubrir
Sin embargo, el cajón de recuerdos o su versión moderna "copia de seguridad" tienen también su lado positivo. La agenda curiosamente guardada puede que tenga en sus páginas escondido aquel punto de inicio, la evolución de una historia, una frase escrita muy a propósito que te saca de un error que vas a cometer nuevamente o te deja en claro que estás a punto de caer en una de esas famosas "figuritas repetidas" y te grita (milagrosamente) ¡Yala! con justo el ímpetu necesario para despertar.
Por supuesto un recorrido por el mundo de las memorias (tan aterrador como el mundo debajo de la cama) tiene un fin más y es que te ayuda a redescubrirte, a comprenderte un poquito más.
Hace poco me encontré frente a una gran cantidad de rostros conocidos y muy queridos. La emoción de verlos, abrazarlos y sentir su amor me hizo llenar el pecho de palabras, los ojos de lágrimas... Ahora días después me doy cuenta de lo poco que recuerdo de cómo empezó nuestro camino juntos en este mundo. Los años han pasado y los inicios de lo que hoy somos, los primero pasos temerosos de tratar de descubrir ese mundo que es cada persona son ahora borrosos. ¿Cómo inicia una amistad? ¿Cómo evoluciona y sobrevive?
El tour del mundo
Cuando conoces a una persona se me ha figurado ahora como la primera vez que uno emprende un viaje solo. Quizás no conoces el idioma, tienes algunas notas del lugar, pero en realidad no sabes qué es lo que te espera. En este caso no sabes si las guías con las que cuentas son certeras, no hay google maps para auxiliarte, pero de algo que empiezo a estar segura es de que debes haber conseguido una visa completa (y para todos los países).
El iniciar una amistad con alguien se convierte en un esfuerzo conjunto y por su puesto puede detenerse en muchos niveles, pero siempre he considerado importante la bilateralidad. Durante mucho tiempo dividí mis mundos, los amigos de colegio por un lado, la familia por otro, cada trabajo en su lugar. La pregunta es ¿llega así a ser posible presentarte en los 360° frente a las personas? o simplemente termina uno llenándose de fronteras y de un interminable papeleo burocrático de visas aprobadas y rechazadas.
No me refiero a ser un libro abierto, creo que todo se va ganando y dando de manera natural pero las puertas deberían estar abiertas.
Después de una serie de traiciones que no son moneda poco corriente en la vida de una persona y tras considerar una vida de misántropo una vez más una frase me vino a tocar la puerta mientras maratoneaba un sitcom de los noventa: "lo que define una relación es otra relación". Aunque aplicada a la vida amorosa del personaje, se me ocurre que es aplicable a todas las relaciones ¿cómo sabes que alguien es tu amigo sino por comparación con otro amigo? ¿No es así como se definen todas las cosas, por comparación?
Al estar tan alerta y con los mecanismos de defensa activados como si se acercara a mi vida la tercera guerra mundial, los detalles y las diferencias saltan a mi vista. Hoy me he detenido a observar todas esas amistades que tanto quiero, la profundidad de cada una de ellas y lo que las ha hecho tan íntimas. El recordar una botella de agua comprada por un casi extraño que se detuvo al verme pasar de repente con lágrimas en los ojos, la decisiva frase implorando por el fin de una relación a esa amiga mientras compraba zapatos, el velorio de una familiar, el cumpleaños compartido con alguna mamá... me ha hecho entender que fueron esos momentos los que me hicieron pasar una nueva frontera del país trabajo, al familia, al escuela, etc. y que son los que ayudan a completar ese tour del mundo, el tour por el planeta que es cada persona. Es de esa manera que con su permiso me he hecho un retrato 4d de cada una de las personas
Qué pasa entonces cuando al notar todos estos viajes te das cuenta que en uno de esos pareces no haber pasado la primera frontera aunque tú has concedido visa completa y eterna. Es posible al notar esto no sentirte rechazado como si algo en todo tu papeleo de presentación estuviera mal. Supuestamente tienes la carta de invitación, el itinerario, los medios de supervivencia, pero sigues con un gran sello rojo: Negado.
No debería importar, hay muchos otros planetas que visitar, pero duele. Los recuerdos dicen que algo en la evolución ha seguido un curso en círculos, que la apariencia de movimiento ha sido en una ruta en círculos y no lo notaste. Pero en esa extraña ruta los sentimientos han ido cambiando, las maneras también y la situación personal de cada quién también. De pronto el descubrimiento te dice que no es suficiente, que quieres más y que quieres un cambio. Como es una relación bilaterial depende del otro lado también y es posible que las negociaciones diplomáticas no sean favorables. Al menos esos que son tu medida te abrieron los ojos.
Solo queda confiar y esperar.
Copia de seguridad
Al final he decidido no copiar mi antiguo celular y empezar de nuevo. Tras copiar manualmente los números he podido dejar muchas cosas atrás. De nuevo hay una gran bolsa de reciclaje y un gracioso fuego en el patio. Aunque parece imposible no acumular recuerdos y dejar huellas del pasado, al menos aún nos queda la oportunidad de decidir reiniciar.
¿Por qué?
Porque a veces tengo la cabeza llena de ideas que nunca digo y porque me debato todos los días entre ser Marianne o Elinor voy a poner toda la locura en este lugar. No pienses que es un blog sobre amor o parejas, tampoco es sobre poesía o música, menos sobre educación o política. Es solo un cuaderno más de (in)sentatez y mucho sentimiento...
viernes, 1 de mayo de 2015
jueves, 12 de marzo de 2015
Anoche soñé contigo
A los que partieron
A los que nos quedamos
Son las 5:00 a. m., me ha tomado un momento ubicar donde estoy. Es la sala en casa de mis padres, he dormido en su sofá. Mi mamá ya está en la cocina. Me he puesto los anteojos y he recordado el sueño que me ha hecho despertar.
Alberto
La moto se estacionó en la puerta de la casa y la copiloto bajó. No ha pasado un minuto y el ruido de la puerta, la voz inconfundible de la uruguaya y la risa de mi mamá se han mezclado. He saludado rápidamente y he esperado que otra voz, más profunda, se escuchara:
"¡Sube, flaca!"
Una mirada a mi mamá y he salido corriendo. Allí estaba él, aún sobre la moto. Incluso ahí sentado era evidente lo alto que era, siempre agachaba la cabeza al entrar a la casa mientras decía animoso a mi papá: "gordito, agranda la puerta, pues". (Cada vez que eso pasaba lo miraba asombrada y juraba que mi papá era amigo de MacGyver, se le parecía... luego supe que mi hermana pensaba lo mismo).
Ni bien me acercaba a la moto ya me estaba sentando en ella y durante unos buenos 15 minutos daba vueltas agarrada a su espalda. Mi imaginación infantil me dice que alguna vez perdí un zapato poco apropiado para la velocidad, él dio la vuelta y lo recogió sin detenerse. No creo que haya sido así, pero así lo recuerdo.
Alberto no era de muchas palabras, pero sus acciones delataban su afecto. Una mala operación a la vista lo alejó de las motos. Una mañana cuando ya no era niña lo vi en la calle y fue la única vez que no lo vi en casa de alguna de las familias, también fue la última vez que lo vi.
Lloré su partida, pero en sueños lo veo de nuevo en su moto, lo veo de nuevo feliz.
Alberto
La moto se estacionó en la puerta de la casa y la copiloto bajó. No ha pasado un minuto y el ruido de la puerta, la voz inconfundible de la uruguaya y la risa de mi mamá se han mezclado. He saludado rápidamente y he esperado que otra voz, más profunda, se escuchara:
"¡Sube, flaca!"
Una mirada a mi mamá y he salido corriendo. Allí estaba él, aún sobre la moto. Incluso ahí sentado era evidente lo alto que era, siempre agachaba la cabeza al entrar a la casa mientras decía animoso a mi papá: "gordito, agranda la puerta, pues". (Cada vez que eso pasaba lo miraba asombrada y juraba que mi papá era amigo de MacGyver, se le parecía... luego supe que mi hermana pensaba lo mismo).
Ni bien me acercaba a la moto ya me estaba sentando en ella y durante unos buenos 15 minutos daba vueltas agarrada a su espalda. Mi imaginación infantil me dice que alguna vez perdí un zapato poco apropiado para la velocidad, él dio la vuelta y lo recogió sin detenerse. No creo que haya sido así, pero así lo recuerdo.
Alberto no era de muchas palabras, pero sus acciones delataban su afecto. Una mala operación a la vista lo alejó de las motos. Una mañana cuando ya no era niña lo vi en la calle y fue la única vez que no lo vi en casa de alguna de las familias, también fue la última vez que lo vi.
Lloré su partida, pero en sueños lo veo de nuevo en su moto, lo veo de nuevo feliz.
Eugenio
6:00 a. m. la llamada de mi mamá me ha sorprendido. Hoy ha muerto el último de los Ordoñez-Huerto. La bisabuela ya tiene a todos sus hijos con ella. He recordado a Eugenio con sus visitas inesperadas, su Rosita y cierto oso-radio de mi infancia. Pero la noticia me ha hecho recordar también a Jorge con sus monedas y sus tardes de hípica, a Aída y Josefina con sus semblantes dulces que ocultaban miradas severas y risas traviesas, a Salvador y sus postres, pero sobre todo a Zoraida su caminar cadencioso, sus ojos claros, su muñeca negra.
Zoraida era mi abuela, cuando estaba con ella siempre estaba haciendo algo, cocinando, lavando, tejiendo… pero no la recordaba leyendo. Me tomó unos años descubrir que era porque cuando yo estaba no era hora de recreo. Los sábados por la tarde era otra la historia, la puerta de su cuarto se cerraba, la barra de chocolate o el pocillo con helado (según la temporada) salían de su escondite, novelitas rosa, publicaciones de ciencia, tengo muchas versiones de la selección favorita… cuentan que las carcajadas y el silencio se intercalaban. Es en esos sábados como la sueño cuando decide visitarme en medio de las noches.
Se fue muy pronto pero nos dejó a otros para contarnos su historia. Creo que hubiera querido ser médico, escritora o voleibolista profesional… su tiempo y la vida no la llevaron por ese camino… pero mujeres como ella, llenas de sueños que trabajaron mucho, son la razón por la que las siguientes generaciones tuvimos una vida diferente… no por nada hoy mi hermana es médico y yo hago libros que quiero creer a ella le gustaría leer.
Soñar contigo
Tener sueños vívidos con los que ya partieron puede ser extraño, pero siempre despierto sonriendo después de tenerlos. Esos días no importa sentirme más cansada, creo que es la manera en que me dejan saber que están bien. Por mi parte, recuerdo cuánto los echo de menos y vuelvo a agradecer que se hayan cruzado en mi vida.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Mi problema con el desayuno... y otras tradiciones alimenticias
A mamá, Doina, Mónica y Ángela
- ¿Qué comemos?
- Lo que sea.
Esa es la respuesta con la que padres, amigos y novios se han chocado más de una vez. Tengo marcadas en una libreta las fechas exactas de las veces que me antojó comer alguna cosa en particular. Pero no me mal entiendan, una vez frente al plato lo disfruto y mucho. Además, suelo ser la favorita del cocinero de turno pues me complace el plato más simple.
Ayer mientras accedía al antojo culinario de mi querido Jonás, volví a pensar en esto, pero sobre todo en el que es, sin lugar a duda, mi archienemigo: EL DESAYUNO.
Mi mayor desafío desde niña y mi cruz desde que me diagnosticaron problemas de asimilación es el primer alimento del día. Mis médicos han sufrido al darse cuenta de que más que controlar que no coma, lo que deben hacer es conseguir que lo haga.
Del quáker al jugo
Las mañanas de mi etapa escolar no se definieron por la batalla de levantarme. En esa época ni se me pegaban las sábanas ni detestaba ir a clase. El día empezaba bien hasta que mi madre me sentaba a la mesa a desayunar. De la leche intomable, encontré consuelo en una taza de quáker (avena) con canela. Por alguna razón, ese "menjunje" espeso y sabroso se abría paso en mi garganta y lograba permanece tibio en mi estómago hasta la hora de la lonchera. Pero la alegría fue pasajera, pronto las manchas rojas en mis brazos y piernas anunciaron el fin de una era feliz. Mis alergias cobraron una nueva víctima y el quáker se unía a la lista de la naranja, fresa, mango, chocolate, mariscos, etc.
Llegó entonces el famoso "jugo" una mezcla de papaya, piña, plátano, miel y algarrobina era anunciada por una vieja licuadora oster (que funcionaba de alarma también porque su traqueteo era indicador de que si no bajaba pronto a la cocina estaría en problemas). Debo admitir que 10 años tomando el mismo desayuno fueron más que un reto y en cuanto estuve en la universidad fui feliz al negarme a continuar con la tradición. Desde ese tiempo el único desayuno que conocí eran los que con aire de almuerzo se organizaban en casa por algún cumpleaños o visita de familiares. Siempre tarde, siempre provistos de manjares poco habituales y que satisfacían el estómago más exigente hasta desear un mate ya muy entrada la tarde.
Del amor y otras recetas médicas
Cuando empecé a trabajar el desayuno se convirtió más de una vez en una excusa romántica. Mis horarios poco regulares hacían que en mis esfuerzos por no dejar de ver a mi entonces novio organizara desayunos de vez en cuando. Era divertido y me reconcilió con esta tradición alimenticia. Pero nunca fue algo de todos los días. El jugo diario de mi madre se vio reemplazado por un café simple que no solo me despertaba sino que se convertía en un episodio social en alguna de las oficinas en las que trabajé (seguida esa primera taza de muchas más durante el día).
La primera sentencia médica fue alejarme del café y la segunda más difícil aún fue la orden de desayunar: "a diario, una hora después de despertar". Solo me reí.
Tomates, pimientos y fiambres
Cuando empecé a viajar fui la alegría de los hospedajes, solo cuando viajé acompañada (el menor número de veces) usé los desayunos incluidos. Pero con el tiempo, al tener más amigos repartidos por el mundo es más frecuente que me quede en casas de familia.
Ya he hablado de mi casa rumana y su cocina gentil. Pues el desayuno no es una excepción, cada mañana una bandeja de queso, tomate o pimiento y fiambres estaba esperándome. Una celosa vigía se aseguraba de que mi gratitud por las atenciones me hiciera vaciar la bandeja. "Doina, ¿has hablado con mi madre?", una sonrisa triunfante me respondía que no era necesario. Pronto llegó la pregunta, "¿qué sueles desayunar? tú pide lo que quieras". "Lo que haya" fue la respuesta automática, seguida de un "no suelo desayunar" ante la réplica silenciosa que me exigía una respuesta más completa. Así llegaron los huevos pasados, las ensaladas de frutas y más pimientos y más tomates... era el desfile de las mañanas madrileñas acompañado de la sonrisa desafiante de mi enemigo matutino.
Quesos, yogures, zumos y almendras
Las rumanas se hablaban rápidamente por el teléfono mientras Monica le avisaba a Doina que esta peruana había llegado al fin a Atenas. No me cabe duda de que el desayuno fue un tema de conversación. 8:00 en punto la bandeja estuvo frente a mí, "Being a tourist is a hard job!" me dijo Monica. Café a la griega, tres tipos de queso agrio, tostadas, una mandarina y tres dulces de almendra debieron ser devorados antes de poder poner un pie en la calle. Así fue cada mañana con su cambios pero la bandeja vacía era el único pase para poder perderme en esa ciudad nueva e intrigante que era Atenas con su Tzipras y su Partenón, con una idea de democracia que no existía en casa porque frente al desayuno yo no tenía voto.
Mañanas de Colacao
En Sevilla no apellido León, soy Calderón a veces, pero a la hora de la comida soy sin lugar a réplica Del Estal. El ojo vigilante de mi Ángela no perdía uno solo de mis movimientos. Prueba suficiente aquella tarde en que seriamente anotó que no había comido mi fruta del almuerzo y decretó que me tocaría esa noche doble ración.
A la hora de los alimentos era una más de los chicos, y junto a Angie y Pablo la leche con Colacao era mi desayuno de elección (claro junto con las tostadas, el paté, el tomate o lo que hubiera, incluso cierta inimaginable Palmera). Mi condición de "hija" era la predominante, me preguntaba si las rumanas también habían llamado a mi casita en San Julián, o sería quizás mi madre... Pero no, mis hermanos chicos estaban bajo la misma mirada y tenían tan pocas oportunidades como yo de escapar, solo que para ellos no era la misma batalla. Mi adversario me miraba burlón mientras notaba que el hábito se volvía a impregnar en mi ser.
Vencida
Mis médicos son más felices cuando vuelvo de viaje, saben que si algo hice fue comer esas 5 veces al día que ellos quieren. Se preocupan al verme regresar, conocen que aquí la supervisión constante no está, que no hay ninguna madre vigilante cuando despierto en mi cuartel de Magdalena. Sin embargo, el inteligente desayuno ha notado algo que los médicos no: mi nostalgia. De eso se aprovecha cuando voy a hacer la compra semanal. Los tomates entonces asoman en mi canasta, el yogur me sonríe fresco al salir del refrigerador. Hoy me di cuenta que vuelve a triunfar cuando me encontré en mi oficina (dos horas después de despertar), frente a la pantalla de la computadora pero desayunando.(Para los que sufrían con la leche, este clásico de la infancia que mi madre me hizo escuchar desde chica bajo la premisa de nunca sonar así porque hacer berrinches no iba conmigo.)
lunes, 2 de junio de 2014
Ahora que somos extraños...
"Ahora eran dos extraños. No, peor que extraños, porque jamás podrían llegar a conocerse".
Persuasión. Jane Austen
Y es mejor que sea así, he pensado mientras leía nuevamente este fragmento que he buscado ni bien llegué a casa del trabajo.
No me considero ningún tipo de experta en relaciones personales, todo lo contrario. Solo puedo contar dos relaciones importantes en mi vida y algunas ilusiones que pasaron. Por eso, tomo la sabiduría de Austen mientras pienso en algunos hechos que he vivido recientemente.
Creo que una de las cosas más difíciles que el ser humano decide hacer es el decidir compartir su vida con alguien. Pero no me cabe duda de que es posible. Tengo amigos que pueden contar más de 30 años de convivencia y me admiro de verlos, trato de aprender de ellos. Veo también a mis padres esforzándose día a día por lograr que funcione con altos y bajos.
Pero qué pasa cuando se termina una relación. La posibilidad de ser o no capaz de mantener amistad con una expareja siempre será tema de discusión... pero no es el caso al que me refiero. No dudo de la posibilidad cuando hay un interés sincero de ambas partes. Pero hay casos en los que no es así.
En estos días he vuelto a recordar lo egoísta que puede ser el ser humano, sin importar la edad.
Tras décadas...
He encontrado a mi compañera de casa alterada viendo sin ver la televisión. Hemos hablado solo unos minutos de las compras que hice y al fin me ha contado lo que le pasaba: él ha vuelto a llamar. Después de botarlo de la casa por descubrir su segunda infidelidad y que producto de ella hay un niño en camino, ella ha vuelto a estar sola después de dos décadas de matrimonio. Es por eso que me alquila un cuarto mientras estoy de visita en la ciudad.
Cada vez que tiene un problema, él llama o va a buscarla. Esta mañana no la encontró en casa y ha marcado su teléfono para recriminarle la ausencia. Incluso hoy se siente con derecho de exigirle cosas, de reclamar una atención a la que él mismo renunció. Cuando esto pasa ella vuelve a llorar.
Hay un discurso que se repite, su actual pareja no lo entiende o lo deja solo con su hija y no sabe qué hacer. Su egoísmo le hace buscar apoyo en su exesposa sin importarle el daño que le pueda causar al recordarle la nueva vida que él escogió. Mi amiga le contesta porque teme que no la ayude económicamente, porque ya es mayor y trabajar diariamente es difícil. Eso hace que no logre convertirlo en ese ser que es menos que un extraño, eso hace que vuelva a sufrir al escuchar su voz.
Tras meses...
"Hola, tienes tiempo"... ha llegado el mensaje por Whatsapp. Ese será solo el primero de muchos mensajes que se enviarán por horas. En ellos se podrá leer complicidad, confianza, compatibilidad de gustos e ideas... sin embargo, terminarán abruptamente, sin despedida, sin explicación hasta alguna nueva tarde en la que todo empezará nuevamente con el mismo mensaje.
Son meses que los veo pasar por lo mismo. Es así como evolucionó un romance de pocos meses, que dejó de ser romance cuando él decidió que otra debía ser su pareja. Otra muchacha que sin culpa y quizás desconocimiento vive celosa de aquella otra que es la receptora de los mensajes ocasionales, una muchacha de la que no se habla bien en los mismos porque "es muy joven", "no es muy instruida", "no me entiende como tú"... pero que sin embargo es la que él eligió.
Porque...
...no es justo para la parte que quizás no esperaba la ruptura, es que prefiero cortar la comunicación cuando una relación acaba. No es sencillo, cuanto más larga la relación es más difícil dejar de lado a la persona con la que tanto se compartió. Cuando tengo problemas, de esos grandes que tocan lo más íntimo de mi vida solo puedo pensar aún y desear tener cerca a ese hombre con el que compartí 8 años, ese mi mejor amigo que tuve que dejar partir. Pero ¿sería justo volver a cruzarme en su camino cuando yo lo saqué del mío? Alguna vez he fracasado, pero ya hace mucho que no he vuelto a interrumpir su nueva vida. (Y sí lo considero un logro del que estoy orgullosa.)
Es quizás por eso que no entiendo situaciones como las que he estado viendo ocurrir o como la que me pasó esta tarde cuando alguien que me sacó de su camino quiso traerme de nuevo a él.
No, no se puede tener todo en esta vida. No podemos atar o enganchar a personas a las que en un momento alejamos, "por si las moscas". No podemos pretender tener todo lo positivo de ellas sin dar algo también para esa relación. Las relaciones deben ser bilaterales y está mal, de ambas partes, no tenerlo en cuenta.
¿Es tan difícil ser consecuentes en nuestros deseos? El cuento de hadas describe un príncipe o princesa decidido que nos elige solo a nosotros. Si la persona con la que nos cruzamos no es alguien por quien nos podamos decidir por lo menos dejémosla ir, dejemos que sea ese ser más que extraño al que ya no tendremos oportunidad de conocer para que puede encontrar aquellos que sí podrán formar parte de su vida.
Mañana espero me dejen cantar en cierto auto azul "Let me go"... esta noche espero que muchos la canten también.
De trabajo y otros vicios...
Para La Calamitosa... ¡y que nadie se atreva a arrollarla con el coche!
"Descansa que aquí en España la productividad es menor", me escribió Vanesa antes de despedirse. Hacía 4 días que estábamos en el mismo huso horario, las 6 o 7 horas que normalmente nos separan no existían. Una vez más me encontró conectada a la 01:30 mientras respondía algún correo enviado desde Lima.
Su frase me hizo reír, pero luego me pasé los siguientes días pensando en ella.
Durante muchos años me he confesado una adicta al trabajo... sí con frase incluida "Hola, soy Mariana y soy una workaholic". Aunque hoy en día la salud me ha forzado a disminuir mis actividades existió una época en la que trabajar entre 16 y 18 horas diarias era algo común.
Siempre me ha sido difícil, y esta es sin duda la causa de mi problema, decidirme por una sola actividad. He sido docente en tres universidades, profesora particular de niños y adultos, he trabajado en administración, he editado libros para colegios, he sido niñera, he hecho manualidades por encargo, he trabajado como vendedora y un largo etcétera. Estos trabajos no han sido sucesivos, la mayoría de ellos fueron simultáneos. Mi récord personal: 6 empleos. He tenido la capacidad de hacer muchas cosas a la vez y siempre recuerdo cada trabajo con una sonrisa. Si descuidé alguna cosa, es posible, aunque nunca dejé de ver amigos ni a mi novio de esa época ni a mi familia (aunque esta fue quizás la que sufrió más).
No puedo recordar esa época sin pensar en el comentario más gracioso que me hizo mi amigo @eraser al escuchar mi historia: "Maeztra, usted era la culpable del paro, entonces". Mis primeros años de trabajadora fueron así, marcados por la obsesión de no perder ninguna oportunidad ni experiencia. No lo niego me agoté, pero me divertí muchísimo. Es difícil quizás entender las sensaciones de pasar de la dinámica de dictar clases en la universidad por la mañana, coordinar talleres por la tarde para luego dar una clase particular y terminar la noche cuidando de un par de encantadores niños mientras creaba unidades para un libro que al año siguiente utilizarían en el colegio.
Hace dos años, el médico me dijo que no podía seguir. Acepté el destino no sin pelear, hoy solo tengo dos trabajos entre los que divido todas mis energías. Aún hoy disfruto de pasar un domingo o feriado en la computadora editando, de que el sol me encuentre sentada frente a la pantalla de la Imac, si tuviera que volver a pasar un 25 o 31 de diciembre trabajando seguro lo haría feliz. Pero es cierto, no solo de trabajar vive el hombre.
Veinticuatro horas después de esa frase de despedida, Vanesa y yo nos reencontramos en la ciudad de Toledo. Solo habían pasado un par de meses desde que otra madrugada había sido testigo de este plan. Un congreso de educación era la oportunidad de reunir a 4 amigos que se conocieron en otro congreso en Pamplona. Menos de un año después de despedirme en España de ellos nos reencontramos.

Podré ser una adicta al trabajo, una currante inagotable, pero eso no significa que no sepa aprovechar el momento. Desconectada al fin de mis responsabilidades laborales me dejé envolver por otros placeres, es así que se vivieron horas de conversación interminable, botellines, discusiones y proyectos. Sí, definitivamente es otra manera de trabajar.
Vanesa y yo luego nos encontramos con el Greco, con muchos niños (junto a maestros que no pasaron desapercibidos) y desarrollamos una obsesión por las espadas y curiosas ballestas armadas con corchos. (Ah y no hay que olvidar nuestra gesta por encontrar el magneto de refrigerador más feo de Toledo)
La noche antes de seguir caminos diferentes, mi querida amiga dejó un simpático caballero en mi equipaje que me acompañó de vuelta a casa.
No sé si puedo decir que disminuí mi productividad durante esos días, lo que sí puedo asegurar es que aprendí muchísimo porque eso es lo que sucede cuando se conversa, se discute y se observa. Allá a más de 8000 km de distancia seguro mi amiga de Cáceres sonríe y se acuerda de esta peruana loca. No sabemos cuándo ni en qué parte del mundo nos volveremos a ver. Pero no importa, la tecnología nos mantiene conectadas y nos sabemos capaces de cualquier cosa por lo que la oportunidad seguro se dará.
lunes, 12 de mayo de 2014
Con Rumanía en el corazón
"¡Pájaros tontos!", gritamos.
Nos hemos mirado un segundo y hemos empezado a reír. Hemos empezado a usar las mismas frases y ya hemos retomado la rutina que creamos meses atrás. Los mirlos, esos impresentables que se comen el fresón ahora protegido por la bandera Rumana, nos han declarado la guerra y no dejan de atascarse en la chimenea. Aún riéndose, Doina ha cogido al último pichón salvado y lo lleva al jardín mientras este la mira extrañado como si nos dijera "¿de qué se ríen, locas?"
Cobeña
Comunidad Autónoma de Madrid
Buses 183 y 185 desde el intercambiador de Plaza Castilla
Casa de Doina, Rumana, 30 y pico de años en Madrid
Actriz, traductora
Mi familia en Madrid
Estoy encargada de producir un libro, la traducción de una novela rumana, es así que tuve noticia de Doina. Yo solo debía traerle un documento, pero ella me invitó a su casa. Como ahorro es progreso, acepté (total, si me meto en casas de extraños que diferencia). 13 de diciembre de 2013, estación de Chamartín, una peruana con dos maletas y una rumana se conocieron. Tres décadas no logran separarnos, al contrario creo que nos acercan. Aquí en Cobeña un ático es mi refugio, un espacio que me han regalado con alegría. Desde su ventana veo el pueblo y sus callecitas por las que corro a misa con los niños los domingos, oigo el viento arremolinarse y repaso cada cosa que mi amiga me ha contado en el día.
Doina me cuenta de su madre y de sus años como actríz, yo trato de descifrar la receta de su sopa de lechuga. Doina me sirve codorniz, descorcha un semi seco rumano y me habla del comunismo del cual huyó. Doina me ha enseñado a ponerle albahaca seca a los tomates de mi desayuno mientras me reclama por mi parquedad. "Mariana, ¿dónde andas? ¿en qué piensas?"..."En ideas locas, Doina... ¿por qué Drácula bebería sangre, si tenía sopa de judías?"
Es mayo de 2014, no he tenido que preguntar si me puedo alojar con ella, desde que le dije que venía me advirtió que no podía quedarme en otro lugar. Cuando he llegado a su puerta, antes de que amaneciera, lo primero que he visto ha sido su sonrisa saludándome en la ventana del automóvil. Solo he podido pensar: llegué a casa. Nos ha tomado un minuto ponernos al día, ella dando vueltas en la cocina y yo parada en el marco de la puerta. Hemos salido juntas rumbo a Madrid, ella se ha ido a perder en el zumbante movimiento de los tribunales donde será intérprete en la audiencia de algún rumano.
Cada mañana nos subimos en el bus, más tarde nos podrás ver en algún tren, tomándonos un vino en La Central, entrando a ver una obra en el Teatro Español o de cañas en algún bar. Doina dice que admira mi capacidad de viajar sola, yo admiro su franqueza y su alegría.
Esta noche hemos perdido el bus, un rumano nos ha venido a recoger. Doina dice que no conoce a nadie, que no tiene amigos, pero este ha llegado sonriente después de su llamada. Han hablado en rumano todo el camino. Él no habla español, pero por un momento hemos cruzado miradas y hemos sonreído cómplices mientras Doina continúa hablando enérgica y sonriente. Ambos pensamos lo mismo, ambos sentimos lo mismo, por Doina no importa la hora o el día, por Doina haremos cualquier cosa, porque es nuestra amiga, porque es nuestra familia.
Nos hemos mirado un segundo y hemos empezado a reír. Hemos empezado a usar las mismas frases y ya hemos retomado la rutina que creamos meses atrás. Los mirlos, esos impresentables que se comen el fresón ahora protegido por la bandera Rumana, nos han declarado la guerra y no dejan de atascarse en la chimenea. Aún riéndose, Doina ha cogido al último pichón salvado y lo lleva al jardín mientras este la mira extrañado como si nos dijera "¿de qué se ríen, locas?"
Cobeña
Comunidad Autónoma de Madrid
Buses 183 y 185 desde el intercambiador de Plaza Castilla
Casa de Doina, Rumana, 30 y pico de años en Madrid
Actriz, traductora
Mi familia en Madrid
Estoy encargada de producir un libro, la traducción de una novela rumana, es así que tuve noticia de Doina. Yo solo debía traerle un documento, pero ella me invitó a su casa. Como ahorro es progreso, acepté (total, si me meto en casas de extraños que diferencia). 13 de diciembre de 2013, estación de Chamartín, una peruana con dos maletas y una rumana se conocieron. Tres décadas no logran separarnos, al contrario creo que nos acercan. Aquí en Cobeña un ático es mi refugio, un espacio que me han regalado con alegría. Desde su ventana veo el pueblo y sus callecitas por las que corro a misa con los niños los domingos, oigo el viento arremolinarse y repaso cada cosa que mi amiga me ha contado en el día.
Doina me cuenta de su madre y de sus años como actríz, yo trato de descifrar la receta de su sopa de lechuga. Doina me sirve codorniz, descorcha un semi seco rumano y me habla del comunismo del cual huyó. Doina me ha enseñado a ponerle albahaca seca a los tomates de mi desayuno mientras me reclama por mi parquedad. "Mariana, ¿dónde andas? ¿en qué piensas?"..."En ideas locas, Doina... ¿por qué Drácula bebería sangre, si tenía sopa de judías?"
Es mayo de 2014, no he tenido que preguntar si me puedo alojar con ella, desde que le dije que venía me advirtió que no podía quedarme en otro lugar. Cuando he llegado a su puerta, antes de que amaneciera, lo primero que he visto ha sido su sonrisa saludándome en la ventana del automóvil. Solo he podido pensar: llegué a casa. Nos ha tomado un minuto ponernos al día, ella dando vueltas en la cocina y yo parada en el marco de la puerta. Hemos salido juntas rumbo a Madrid, ella se ha ido a perder en el zumbante movimiento de los tribunales donde será intérprete en la audiencia de algún rumano.
Cada mañana nos subimos en el bus, más tarde nos podrás ver en algún tren, tomándonos un vino en La Central, entrando a ver una obra en el Teatro Español o de cañas en algún bar. Doina dice que admira mi capacidad de viajar sola, yo admiro su franqueza y su alegría.
Esta noche hemos perdido el bus, un rumano nos ha venido a recoger. Doina dice que no conoce a nadie, que no tiene amigos, pero este ha llegado sonriente después de su llamada. Han hablado en rumano todo el camino. Él no habla español, pero por un momento hemos cruzado miradas y hemos sonreído cómplices mientras Doina continúa hablando enérgica y sonriente. Ambos pensamos lo mismo, ambos sentimos lo mismo, por Doina no importa la hora o el día, por Doina haremos cualquier cosa, porque es nuestra amiga, porque es nuestra familia.
domingo, 11 de mayo de 2014
De comentarios, mujeres y viajes
Es el día de la madre y mientras me siento algo indignada pues he descubierto una manera de agradecerle a esa mujer que, ahora sentada en casa a 8000 km., no tiene idea de lo que escribe su loca hija.
Llevo poco más de 36 horas en Madrid, he venido por trabajo y también para disfrutar unos días con los buenos amigos que hice el año pasado durante una pasantía en la Universidad de Salamanca. Ha sido un viaje preparado con poca anticipación y la estadía es muy breve, pero desde que supe que podría venir he estado muy contenta (y no solo porque logré un financiamiento para el pasaje). Te preguntarás entonces qué es lo que me indigna...
Dos comentarios han rondado este viaje con tanta frecuencia que resulta enfermizo.
Debido a que mi viaje me impediría estar en Lima, que es donde vivo, para el Día de las Madres, me preocupé de saludar a algunas mamás de mi familia por adelantado. Es entonces que el segundo comentario se volvió un penoso recordatorio de cómo piensan muchas mujeres. Solo bastaba que dijera "viajo a España" para escuchar: "¿Otra vez? ah, ya sé ¡te has conseguido un novio por allá! por eso tanto viaje". La primera vez que me dijeron esta frase, que debo decir parecía que unas a otras las mujeres se pasaban escritas en una hoja de papel, pensé que se debía a la edad de la persona con la que hablaba. "Es una mujer mayor", me decía, "es alguien que se sorprende de mi soltería a mis 30 años", me convencía...lamentablemente, estas excusas se acabaron cuando el comentario vino de primas e incluso algunas amigas, las mismas que tienen extensos discursos sobre la igualdad de género y se declaran "feministas". El repetido comentario me indignaba cada vez más: ninguna pensaba en un contexto educativo ni de crecimiento profesional ni siquiera de recreación. Además, el verbo elegido, "conseguir", resonaba en mi mente por lo frío, calculador, nada romántico como su discurso habitual. Felizmente, mi mamá no piensa así...aunque siga aterrada de mi constante afán por viajar sola a todo lugar que se me ocurre y algo desconsolada por mi decisión de dejar su nido sin que mediara un sagrado matrimonio, sino tan solo un deseo de independencia. Puedo asegurar que si una pareja fuera mi impulso para visitar un lugar lo diría con orgullo e ilusión... simplemente no es el caso. Sin embargo, no deja de ser una lástima que tantos crean que es la primera motivación en la que pueden pensar para que alguien haga algo.
Creo que he tenido suerte, es en todo caso mi conclusión, de tener una madre que me ha criado con suficiente libertad para dejarme pensar diferente. Espero que cuando sea madre mis hijos o hijas no escucharán frases similares...o bueno, si finalmente las escuchan, no actuarán según ellas. Esta noche salía del Teatro Español de la función de "Misántropo" y como ya venía rumiando estas ideas por un momento pensé en irme, en abandonar a los seres humanos locos al igual que el protagonista al final de la obra... quizás sea la única solución... pero no, al final me quedé.

Mis treinta años, mi excesivo amor por el trabajo y los proyectos locos, mi espíritu viajero, mi seriedad a veces extrema y mi franqueza que me hace algo deslenguada, mi malhumor, mi desorden y mis flojeras, mi comodidad con la ausencia de compañía... este collage es el regalo que le llevo de vuelta a casa a mi madre. Sé que lo va a recibir con una sonrisa... sé que no está decepcionada del tipo de mujer e hija que soy... para mí es suficiente.
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