A los que partieron
A los que nos quedamos
Son las 5:00 a. m., me ha tomado un momento ubicar donde estoy. Es la sala en casa de mis padres, he dormido en su sofá. Mi mamá ya está en la cocina. Me he puesto los anteojos y he recordado el sueño que me ha hecho despertar.
Alberto
La moto se estacionó en la puerta de la casa y la copiloto bajó. No ha pasado un minuto y el ruido de la puerta, la voz inconfundible de la uruguaya y la risa de mi mamá se han mezclado. He saludado rápidamente y he esperado que otra voz, más profunda, se escuchara:
"¡Sube, flaca!"
Una mirada a mi mamá y he salido corriendo. Allí estaba él, aún sobre la moto. Incluso ahí sentado era evidente lo alto que era, siempre agachaba la cabeza al entrar a la casa mientras decía animoso a mi papá: "gordito, agranda la puerta, pues". (Cada vez que eso pasaba lo miraba asombrada y juraba que mi papá era amigo de MacGyver, se le parecía... luego supe que mi hermana pensaba lo mismo).
Ni bien me acercaba a la moto ya me estaba sentando en ella y durante unos buenos 15 minutos daba vueltas agarrada a su espalda. Mi imaginación infantil me dice que alguna vez perdí un zapato poco apropiado para la velocidad, él dio la vuelta y lo recogió sin detenerse. No creo que haya sido así, pero así lo recuerdo.
Alberto no era de muchas palabras, pero sus acciones delataban su afecto. Una mala operación a la vista lo alejó de las motos. Una mañana cuando ya no era niña lo vi en la calle y fue la única vez que no lo vi en casa de alguna de las familias, también fue la última vez que lo vi.
Lloré su partida, pero en sueños lo veo de nuevo en su moto, lo veo de nuevo feliz.
Alberto
La moto se estacionó en la puerta de la casa y la copiloto bajó. No ha pasado un minuto y el ruido de la puerta, la voz inconfundible de la uruguaya y la risa de mi mamá se han mezclado. He saludado rápidamente y he esperado que otra voz, más profunda, se escuchara:
"¡Sube, flaca!"
Una mirada a mi mamá y he salido corriendo. Allí estaba él, aún sobre la moto. Incluso ahí sentado era evidente lo alto que era, siempre agachaba la cabeza al entrar a la casa mientras decía animoso a mi papá: "gordito, agranda la puerta, pues". (Cada vez que eso pasaba lo miraba asombrada y juraba que mi papá era amigo de MacGyver, se le parecía... luego supe que mi hermana pensaba lo mismo).
Ni bien me acercaba a la moto ya me estaba sentando en ella y durante unos buenos 15 minutos daba vueltas agarrada a su espalda. Mi imaginación infantil me dice que alguna vez perdí un zapato poco apropiado para la velocidad, él dio la vuelta y lo recogió sin detenerse. No creo que haya sido así, pero así lo recuerdo.
Alberto no era de muchas palabras, pero sus acciones delataban su afecto. Una mala operación a la vista lo alejó de las motos. Una mañana cuando ya no era niña lo vi en la calle y fue la única vez que no lo vi en casa de alguna de las familias, también fue la última vez que lo vi.
Lloré su partida, pero en sueños lo veo de nuevo en su moto, lo veo de nuevo feliz.
Eugenio
6:00 a. m. la llamada de mi mamá me ha sorprendido. Hoy ha muerto el último de los Ordoñez-Huerto. La bisabuela ya tiene a todos sus hijos con ella. He recordado a Eugenio con sus visitas inesperadas, su Rosita y cierto oso-radio de mi infancia. Pero la noticia me ha hecho recordar también a Jorge con sus monedas y sus tardes de hípica, a Aída y Josefina con sus semblantes dulces que ocultaban miradas severas y risas traviesas, a Salvador y sus postres, pero sobre todo a Zoraida su caminar cadencioso, sus ojos claros, su muñeca negra.
Zoraida era mi abuela, cuando estaba con ella siempre estaba haciendo algo, cocinando, lavando, tejiendo… pero no la recordaba leyendo. Me tomó unos años descubrir que era porque cuando yo estaba no era hora de recreo. Los sábados por la tarde era otra la historia, la puerta de su cuarto se cerraba, la barra de chocolate o el pocillo con helado (según la temporada) salían de su escondite, novelitas rosa, publicaciones de ciencia, tengo muchas versiones de la selección favorita… cuentan que las carcajadas y el silencio se intercalaban. Es en esos sábados como la sueño cuando decide visitarme en medio de las noches.
Se fue muy pronto pero nos dejó a otros para contarnos su historia. Creo que hubiera querido ser médico, escritora o voleibolista profesional… su tiempo y la vida no la llevaron por ese camino… pero mujeres como ella, llenas de sueños que trabajaron mucho, son la razón por la que las siguientes generaciones tuvimos una vida diferente… no por nada hoy mi hermana es médico y yo hago libros que quiero creer a ella le gustaría leer.
Soñar contigo
Tener sueños vívidos con los que ya partieron puede ser extraño, pero siempre despierto sonriendo después de tenerlos. Esos días no importa sentirme más cansada, creo que es la manera en que me dejan saber que están bien. Por mi parte, recuerdo cuánto los echo de menos y vuelvo a agradecer que se hayan cruzado en mi vida.
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