Una vez más me encuentro en esta duda entre obedecer a la sensatez o navegar un rato con el sentimiento. Han sido un par de días cansados, y no solo por los niveles ridículos de mi hemoglobina, sino por un ritual al que estoy lejos de acostumbrarme.
Jueves
8 a. m. "estire el brazo, haga puño, respire..." unas veces espesa, otras veces muy líquida mi sangre llena los tubitos. Esta vez tuve suerte, encontraron a la primera la vena, pero un ardor característico me hace saber que no será un buen día para mi brazo. "No te quejes", me reprendo a mí misma, sí sé que no es tan grave. La visita al "vampiro" tiene su fecha programada, más precisa e inamovible que fecha de pago o peor que de cobranza, pero es una al mes, casi nada.
Desde el momento que me dicen que al día siguiente estarán los resultados la suerte queda echada.
Viernes
9 a. m. "a ver su orden, tiene exámenes pendientes, vaya al consultorio 612" (entrego todo en orden, pero aún así el rostro de la asistente es de "favor")
9:15 a. m. "tome asiento hasta que la llame la doctora"
El ritual empieza, coger el celular, revisar el correo, un par de intentos en Candy Crush... "¡Gómez!" un paciente que sale, otro que entra, ya son 9:25 a. m., un par de vistazos a la sala, de nuevo la vista al celular... Son 9:40 a. m. ¡Ruiz!... así el baile continúa hasta que dan las 10:15 ..."¡León!"...
Al fin en el consultorio, balanza, medida y llega la sentencia: "no estás siguiendo las indicaciones, seguro que has hecho esto, seguro que no has hecho lo otro"... (Con los años he aprendido a asumir que siempre es mi error).
Silencio y, por fin, lee los resultados de laboratorio y el discurso cambia: "ah no, es esto... y esto otro, te tengo que cambiar la dosis". Respiro, no me la puedo comer viva... pero entonces llega el comentario: "uy pero seguro que estás cansada y ¿cómo está el estómago? y ¿no has sentido esto otro?" Entonces después de repetir por milésima vez: "sí... mal... sí" es el momento en que recuerdo que esos son los síntomas que me hicieron ir a consultar el médico y que esas fueron las primeras tres preguntas que me hizo cuando estuve sentada frente a él en nuestro primer encuentro.
Médico de familia
¿Qué pasó con el médico de familia? Sí, ese que cual doctor Baker de La casa de la Pradera conocía los milagros y pecados de cada quien, ese que sabía todo el historial y que por eso pensaba en un tratamiento que se ajuste a la persona. Desde mi diagnóstico hace ya 3 años he pasado por varios especialistas, particulares y en clínicas. Uno suele entender que el médico de clínica (u hospital) trabaja a destajo, apurado por cumplir una cuota, lo que justifica su trato impersonal, pero no son los particulares muy diferentes (aún con listas limitadas de pacientes e infladas tarifas). No soy una niña, no pido engreimiento, pero lo mínimo que agradecería es que ni insulten mi inteligencia ni mi malestar.
No creo ser mala paciente, cuando no cumplo al 100% las indicaciones lo digo, reconozco mi responsabilidad. Tampoco soy de las que se lee todo en internet y se cree que sabe más que el especialista. Pero lo mínimo que espero es que lean sus notas antes de recibirme, que antes de reprenderme se fijen si hay algo más que pueda estar ocasionando el mal y no asumir que soy el único motivo.
Mi hermana es médico y la considero muy buena y acertada en sus diagnósticos (aunque no la puedo considerar una excepción entre sus colegas). Cada vez que alguien le dice algo poco fundamentado sobre medicina ella solo responde sonriente: "Siete años". Y es verdad, un médico pasa por lo menos 7 años formándose para obtener su título, pero lo que me pregunto ahora es si es que ese largo periodo de rotaciones, disecciones, bademecums y anatomía no les hicieron olvidar al paciente, ese que solo quiere sentirse bien y que paga sus honorarios. O no sé si es culpa de los pacientes que no hacen caso y los demás pagamos por ellos.
Prescripción
Los sentimientos me han ganado un buen rato, he salido de la consulta desanimada, con la mala sensación de un trato frío. La prescripción está dada, las dosis variadas, la lista de medicinas cada vez más larga. He pasado por la farmacia donde una joven adormilada, lenta, poco amable se ha demorado otra media hora en despachar dos cajas de medicinas (las demás no las cubre mi seguro). Una mañana casi completa ha pasado y más que sentirme aliviada, presiento que salgo algo más enferma. El sistema de salud en general me enferma.
Ya en el trabajo he decidido hacerme yo misma otra receta, una que por su puesto no deje mi bolsillo más agujereado:
- Un post en un blog insensato, muchos correos electrónicos laborales para distraerme y una taza de té de Granada ni bien pise mi casa (para recordar mis vacaciones ahora tan lejanas).
¿Por qué?
Porque a veces tengo la cabeza llena de ideas que nunca digo y porque me debato todos los días entre ser Marianne o Elinor voy a poner toda la locura en este lugar. No pienses que es un blog sobre amor o parejas, tampoco es sobre poesía o música, menos sobre educación o política. Es solo un cuaderno más de (in)sentatez y mucho sentimiento...
viernes, 25 de septiembre de 2015
Médico de familia
Etiquetas:
clínicas,
enfermedades,
farmacias,
medicinas,
médicos,
pacientes,
prescripciones,
sensatez,
sentimiento
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario