¿Por qué?

Porque a veces tengo la cabeza llena de ideas que nunca digo y porque me debato todos los días entre ser Marianne o Elinor voy a poner toda la locura en este lugar. No pienses que es un blog sobre amor o parejas, tampoco es sobre poesía o música, menos sobre educación o política. Es solo un cuaderno más de (in)sentatez y mucho sentimiento...

lunes, 2 de junio de 2014

Ahora que somos extraños...

"Ahora eran dos extraños. No, peor que extraños, porque jamás podrían llegar a conocerse".

Persuasión. Jane Austen


Y es mejor que sea así,  he pensado mientras leía nuevamente este fragmento que he buscado ni bien llegué a casa del trabajo. 


No me considero ningún tipo de experta en relaciones personales, todo lo contrario. Solo puedo contar dos relaciones importantes en mi vida y algunas ilusiones que pasaron. Por eso, tomo la sabiduría de Austen mientras pienso en algunos hechos que he vivido recientemente.

Creo que una de las cosas más difíciles que el ser humano decide hacer es el decidir compartir su vida con alguien. Pero no me cabe duda de que es posible. Tengo amigos que pueden contar más de 30 años de convivencia y me admiro de verlos, trato de aprender de ellos. Veo también a mis padres esforzándose día a día por lograr que funcione con altos y bajos.

Pero qué pasa cuando se termina una relación. La posibilidad de ser o no capaz de mantener amistad con una expareja siempre será  tema de discusión... pero no es el caso al que me refiero. No dudo de la posibilidad cuando hay un interés sincero de ambas partes. Pero hay casos en los que no es así.

En estos días he vuelto a recordar lo egoísta que puede ser el ser humano, sin importar la edad.


Tras décadas...

He encontrado a mi compañera de casa alterada viendo sin ver la televisión. Hemos hablado solo unos minutos de las compras que hice y al fin me ha contado lo que le pasaba: él ha vuelto a llamar. Después de botarlo de la casa por descubrir su segunda infidelidad y que producto de ella hay un niño en camino, ella ha vuelto a estar sola después de dos décadas de matrimonio. Es por eso que me alquila un cuarto mientras estoy de visita en la ciudad.

Cada vez que tiene un problema, él llama o va a buscarla. Esta mañana no la encontró en casa y ha marcado su teléfono para recriminarle la ausencia. Incluso hoy se siente con derecho de exigirle cosas, de reclamar una atención a la que él mismo renunció. Cuando esto pasa ella vuelve a llorar.

Hay un discurso que se repite, su actual pareja no lo entiende o lo deja solo con su hija y no sabe qué hacer. Su egoísmo le hace buscar apoyo en su exesposa sin importarle el daño que le pueda causar al recordarle la nueva vida que él escogió. Mi amiga le contesta porque teme que no la ayude económicamente, porque ya es mayor y trabajar diariamente es difícil. Eso hace que no logre convertirlo en ese ser que es menos que un extraño, eso hace que vuelva a sufrir al escuchar su voz.


Tras meses...

"Hola, tienes tiempo"... ha llegado el mensaje por Whatsapp. Ese será solo el primero de muchos mensajes que se enviarán por horas. En ellos se podrá leer complicidad, confianza, compatibilidad de gustos e ideas... sin embargo, terminarán abruptamente, sin despedida, sin explicación hasta alguna nueva tarde en la que todo empezará nuevamente con el mismo mensaje.

Son meses que los veo pasar por lo mismo. Es así como evolucionó un romance de pocos meses, que dejó de ser romance cuando él decidió que otra debía ser su pareja. Otra muchacha que sin culpa y quizás desconocimiento vive celosa de aquella otra que es la receptora de los mensajes ocasionales, una muchacha de la que no se habla bien en los mismos porque "es muy joven", "no es muy instruida", "no me entiende como tú"... pero que sin embargo es la que él eligió.


Porque...

...no es justo para la parte que quizás no esperaba la ruptura, es que prefiero cortar la comunicación cuando una relación acaba. No es sencillo, cuanto más larga la relación es más difícil dejar de lado a la persona con la que tanto se compartió. Cuando tengo problemas, de esos grandes que tocan lo más íntimo de mi vida solo puedo pensar aún y desear tener cerca a ese hombre con el que compartí 8 años, ese mi mejor amigo que tuve que dejar partir. Pero ¿sería justo volver a cruzarme en su camino cuando yo lo saqué del mío? Alguna vez he fracasado, pero ya hace mucho que no he vuelto a interrumpir su nueva vida. (Y sí lo considero un logro del que estoy orgullosa.)

Es quizás por eso que no entiendo situaciones como las que he estado viendo ocurrir o como la que me pasó esta tarde cuando alguien que me sacó de su camino quiso traerme de nuevo a él.

No, no se puede tener todo en esta vida. No podemos atar o enganchar a personas a las que en un momento alejamos, "por si las moscas". No podemos pretender tener todo lo positivo de ellas sin dar algo también para esa relación. Las relaciones deben ser bilaterales y está mal, de ambas partes, no tenerlo en cuenta. 

¿Es tan difícil ser consecuentes en nuestros deseos? El cuento de hadas describe un príncipe o princesa decidido que nos elige solo a nosotros. Si la persona con la que nos cruzamos no es alguien por quien nos podamos decidir por lo menos dejémosla ir, dejemos que sea ese ser más que extraño al que ya no tendremos oportunidad de conocer para que puede encontrar aquellos que sí podrán formar parte de su vida. 


Mañana espero me dejen cantar en cierto auto azul "Let me go"... esta noche espero que muchos la canten también.


De trabajo y otros vicios...


Para La Calamitosa... ¡y que nadie se atreva a arrollarla con el coche!


"Descansa que aquí en España la productividad es menor", me escribió Vanesa antes de despedirse. Hacía 4 días que estábamos en el mismo huso horario, las 6 o 7 horas que normalmente nos separan no existían. Una vez más me encontró conectada a la 01:30 mientras respondía algún correo enviado desde Lima.

Su frase me hizo reír, pero luego me pasé los siguientes días pensando en ella.

Durante muchos años me he confesado una adicta al trabajo... sí con frase incluida "Hola, soy Mariana y soy una workaholic". Aunque hoy en día la salud me ha forzado a disminuir mis actividades existió una época en la que trabajar entre 16 y 18 horas diarias era algo común.

Siempre me ha sido difícil, y esta es sin duda la causa de mi problema, decidirme por una sola actividad. He sido docente en tres universidades, profesora particular de niños y adultos, he trabajado en administración, he editado libros para colegios, he sido niñera, he hecho manualidades por encargo, he trabajado como vendedora y un largo etcétera. Estos trabajos no han sido sucesivos, la mayoría de ellos fueron simultáneos. Mi récord personal: 6 empleos. He tenido la capacidad de hacer muchas cosas a la vez y siempre recuerdo cada trabajo con una sonrisa. Si descuidé alguna cosa, es posible, aunque nunca dejé de ver amigos ni a mi novio de esa época ni a mi familia (aunque esta fue quizás la que sufrió más).

No puedo recordar esa época sin pensar en el comentario más gracioso que me hizo mi amigo @eraser al escuchar mi historia: "Maeztra, usted era la culpable del paro, entonces".  Mis primeros años de trabajadora fueron así, marcados por la obsesión de no perder ninguna oportunidad ni experiencia. No lo niego me agoté, pero me divertí muchísimo. Es difícil quizás entender las sensaciones de pasar de la dinámica de dictar clases en la universidad por la mañana, coordinar talleres por la tarde para luego dar una clase particular y terminar la noche cuidando de un par de encantadores niños mientras creaba unidades para un libro que al año siguiente utilizarían en el colegio.


Hace dos años, el médico me dijo que no podía seguir. Acepté el destino no sin pelear, hoy solo tengo dos trabajos entre los que divido todas mis energías. Aún hoy disfruto de pasar un domingo o feriado en la computadora editando, de que el sol me encuentre sentada frente a la pantalla de la Imac, si tuviera que volver a pasar un 25 o 31 de diciembre trabajando seguro lo haría feliz. Pero es cierto, no solo de trabajar vive el hombre.


Veinticuatro horas después de esa frase de despedida, Vanesa y yo nos reencontramos en la ciudad de Toledo. Solo habían pasado un par de meses desde que otra madrugada había sido testigo de este plan. Un congreso de educación era la oportunidad de reunir a 4 amigos que se conocieron en otro congreso en Pamplona. Menos de un año después de despedirme en España de ellos nos reencontramos.

Podré ser una adicta al trabajo, una currante inagotable, pero eso no significa que no sepa aprovechar el momento. Desconectada al fin de mis responsabilidades laborales me dejé envolver por otros placeres, es así que se vivieron horas de conversación interminable, botellines, discusiones y proyectos. Sí, definitivamente es otra manera de trabajar.

Vanesa y yo luego nos encontramos con el Greco, con muchos niños (junto a maestros que no pasaron desapercibidos) y desarrollamos una obsesión por las espadas y curiosas ballestas armadas con corchos. (Ah y no hay que olvidar nuestra gesta por encontrar el magneto de refrigerador más feo de Toledo)

La noche antes de seguir caminos diferentes, mi querida amiga dejó un simpático caballero en mi equipaje que me acompañó de vuelta a casa.

No sé si puedo decir que disminuí mi productividad durante esos días, lo que sí puedo asegurar es que aprendí muchísimo porque eso es lo que sucede cuando se conversa, se discute y se observa. Allá a más de 8000 km de distancia seguro mi amiga de Cáceres sonríe y se acuerda de esta peruana loca. No sabemos cuándo ni en qué parte del mundo nos volveremos a ver. Pero no importa, la tecnología nos mantiene conectadas y nos sabemos capaces de cualquier cosa por lo que la oportunidad seguro se dará.