Ayer por la tarde casi perdí un obsequio muy importante para mí. Pensé, después de recuperarlo y de volver a casa con él en las manos, sobre varios sentimientos que surgieron desde el momento en que me di cuenta de que no lo tenía conmigo hasta que lo logré hallar.
Este dije, fue eso lo que perdí, acompañó una serie de obsequios que los Reyes Magos dejaron para mí en mi casa de Sevilla hace ya un año. "Tienes que conservarlo vivo", me dijo la madre que me explicó cómo llevarlo; "solo deja correr el agua del grifo sobre él cuando lo necesite", me dijo la hermana acurrucada bajo el edredón. Anoche contaba que después de un primer intento de búsqueda, desistí y ya me iba a casa apenada, pero resignada. Sin embargo, la fuerza de ese y de varios recuerdos que vinieron a mi mente me hicieron regresar y, finalmente, se vieron recompensados cuando lo encontré.
Claro que el objeto es importante, tanto porque es único y casi imposible de encontrar por estos lares en donde me encuentro, como por la persona que me lo dio. Pero en lo que no pude dejar de pensar en ese momento fue en una serie de obsequios, no materiales que he ido coleccionando estos tiempos y que bien podrían ser los protagonistas de hoy.
Así recuperé mi voz...
(Para Gian)
Hace casi tres años, conocí a un nuevo grupo de personas. Como siempre les digo es probable que si no hubiera sido por una cuestión laboral nunca hubiera hablado con ellas. Al día de hoy, es casi imposible de imaginar mis días sin que hayan hecho su aparición.
Una tarde uno de ellos me regaló un libro y me dijo que le gustaba cantar. Yo había descubierto los karaokes y dijimos que iríamos un día. Pasaron semanas, lo más seguro que meses y una tarde al fin lo hicimos.
--¿Quién pidió 'Don´t speak'?
--Yo...
(4 minutos después)
--No lo haces mal, algo temerosa, pero tienes bonita voz...
Lo que no sabía es que yo tenía miedo de cantar, y ¡cómo no! Me habían dicho que él había llevado cursos y participado en conciertos y musicales... ¿qué podía saber yo? Luego, lo oí cantar, mucho después supe cuánto amaba hacerlo, y, poco a poco, descubrí sus inseguridades. Pero en el camino primero me dijo "vamos juntos al taller de canto" y una tarde nos inscribimos. Así conocimos a Victoria, hace más de dos años que cantamos cada día, que bajamos pistas y nos grabamos, que nos escogemos canciones y que hacemos dúos.
Él no lo sabe aún, lo sabrá hoy, pero con esa invitación me devolvió la alegría y quizás la vida. Dejé de cantar a los 20, olvidé la emoción que me producía, las tardes con mi hermana a la guitarra, el ejercicio de aprender una canción y de hacerla mía. Hoy vuelvo a sonreír mientras canto un verso, a bailar durante un puente y a soltar una lágrima cuando termina la última nota.
La de papas y la verdulera
(A Ángela)
Ya están servidas en la mesa y no me ha dejado verla mientras las preparaba.
--No se vale, Ángela. ¿Y ahora cómo las hago de vuelta en casa?
El resto de tardes las he pasado en la cocina, hay una silla a la que le he grabado mi nombre, es allí donde día a día de estos 8 que son con los que contamos le he ido haciendo un retrato de quién soy y ella me ha regalado una hermosa fotografía de quién es ella. "Entonces hay heridas grandes en tu corazón" me ha dicho un día y por primera vez las he visto, las he sufrido, las he atendido.
Mientras tanto limpio algunas verdura, pico alguna cosa y descubro que algo vuelve a la vida. Hay un nuevo gusto por la comida, y no solo auspiciado por las varias cervezas, pero sobre todo por el "hacer". Desde entonces vuelvo a querer copiar sus recetas, desde entonces cada domingo me levanto por las tardes para preparar las loncheras (para toda la semana para que no nos gane la flojera). Volví a descubrir la cocina, volví a descubrir la serena paz que puedes recuperar al saber que si mezclas huevos, verduras y sal en una sartén tendrás un tortilla.
Good night, love!
Me contaste que lo sacaste de una serie y yo que lo traje de mis paseos, pero, sin importar de dónde lo obtuvimos sabíamos que era importante. Y es que es fácil olvidar el ser afectuosos, el dejarnos ver así vulnerables, expuestos.
Con los días llegó a obtener tonos también sarcásticos, pero sabemos que cuando terminamos nuestras frases, con "love" o "cariño", es nuestra voluntad de rendirnos a lo inevitable, a un incalculado detalle de nuestra naturaleza. Entre broma y en serio conseguimos reingresar en nuestras vidas conscientes de que llegarán nuevas heridas, de que no somos del acero intocable que nos quisimos convencer que éramos.
"Are you alright, love" resuena en algún parlante, ya descubrí de dónde sacaste la idea, pero sé que mientras te escuche decirlo recordaré mantener en mi vida solo a aquellos que aún se preocupen por decirme esa frase, en el idioma que sea.
Estos han sido los mejores regalos de los últimos años y no terminaré nunca de agradecerlos. Y es que recuperar tu voz, la pasión por la música y la cocina, y la confianza de decir que quieres a alguien es la oportunidad de reiniciar tu vida, mejor, más fuerte y con alegría.